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lunes, septiembre 03, 2007

Los niños pobres de las orquestas venezolanas, estrellas en ‘El País’


Un amplio y extraordinario reportaje de Alfredo Cáliz en el diario español “El País” destaca, en el suplemento de este domingo, el trabajo que se efectúa en Venezuela con los niños pobres que son integrados a orquestas. Este es el reportaje:
A veces, esa en apariencia insuperable distancia que existe entre la miseria y la salvación es cuestión de 50 centímetros. Los que mide un violín. Todos y cada uno de los 270.000 niños que integran el sistema de orquestas de Venezuela lo saben. Lo han visto, lo han oído, lo han vivido… El 85% de ellos pertenece a las clases más oprimidas de un país en el que la pobreza es una escena cotidiana con un 31,3% de la población debajo de su umbral, según datos del Banco Mundial y la ONU. Pero cada día la mayoría de estos muchachos agarran su instrumento y su entusiasmo y se dirigen a cualquiera de los 120 núcleos, de las escuelas desperdigadas en los barrios, en los pueblos, en la selva, donde aprenden a superarlo todo. Es allí donde su vida, dicen ellos mismos, cobra sentido.
Que la música tiene la llave del progreso y de la vida, puede sonar a palabrería tan hueca como bienintencionada en ciertos ambientes. Pero cuando lo dice José Antonio Abreu, ese hombre visionario y revolucionario que decidió hace 32 años regenerar un continente por medio del trabajo cómplice y en equipo de las orquestas, es, sencilla y contundentemente, verdad. Él lo ha demostrado y hoy es el día en que sigue un tanto asombrado de su hazaña. Del milagro.

Los niños pobres de las orquestas venezolanas, estrellas en ‘El País’


Otro de los lugares emblemáticos del sistema se encuentra en Barquisimeto, en el Estado de Lara, donde nació el tenor Aquiles Machado. Su escuela es todo un símbolo porque allí se logró romper una barrera más que ha mostrado a sus responsables que la música no conoce límites. Que son las personas quienes los imponen hasta que algunos visionarios los hacen desaparecer. Es el caso de Naybeth García y Johnny Gómez, un matrimonio del sistema, fundadores del coro Manos Blancas, formado por un grupo de niños sordos que logran interpretar música. Sí, interpretar música, ha leído usted bien.
A nadie se le había ocurrido de no ser porque un día apareció por allí una niña que iba a colocarles en un brete. “Se llama Estefanía Colmenares y es sorda”, asegura Naybeth García. Un buen día entró en la escuela y por señas dijo que quería aprender. La primera reacción fue contundente: “No puedes, mi amor, pero quédate en la escuela si lo deseas”. Estefanía se decidió a intentarlo porque quería pasarlo tan bien como su prima, que estaba en la orquesta. Al poco tiempo, los profesores se dieron cuenta de que Estefanía respondía a impulsos singulares y sobre todo que esas señales, cualesquiera que fueran, le hacían disfrutar

Los niños pobres de las orquestas venezolanas, estrellas en ‘El País’.


Era feliz. Así que se propusieron ver hasta dónde era capaz de llegar. Hoy esa niña es la pionera de un coro que actúa regularmente por toda Venezuela demostrando que hay pocas cosas imposibles. Su actuación es tan sencilla como emocionante: a su lado, niños con voz cantan. Ellos mueven las manos y traducen a su lenguaje lo que suena al tiempo, en una comunión de ritmo y expresión increíble.
Poco a poco, Barquisimeto se convirtió en un centro puntero de educación especial, y el conservatorio de la ciudad, en el que Johnny Gómez no fue admitido como alumno en su día, es hoy liderado por él. Allí aprenden niños sordos, ciegos, con deficiencias físicas, mentales. Es alucinante, por ejemplo, escuchar sus ensambles de percusión con sordos. O contemplar al grupo Lara Somos, con algunos componentes ciegos y con principios de autismo.
Los invidentes aprenden muy rápido, poseen una ultrasensibilidad sonora. Tanto que los niños normales, más atrasados que ellos en la música, quieren saber su secreto. “Creen que la clave está en esos papeles que ellos tocan y nos piden aprender Braille porque creen que avanzarán mucho más”, comenta Gómez. Con todas estas experiencias, los profesores han llegado a una conclusión crucial para enseñar: “Que las discapacidades pueden ser intelectuales y sensoriales, pero nunca emocionales, que es lo principal para aprender música”, explica Johnny Gómez: “El alma no tiene discapacidad”.

domingo, junio 17, 2007

Un Proyecto Marxista Autor Anibal Romero.


Recientes eventos en Venezuela confirman tres realidades: Primero, el régimen de Hugo Chávez es una autocracia con un proyecto marxista, orientado a establecer un sistema similar al cubano que perdure por la fuerza. Segundo, una importante porción de la sociedad, que incluye a la mayoría de sus jóvenes, rechaza tal destino. Tercero, el régimen estará dispuesto a lo que sea para permanecer en el poder. Los llamados de Chávez a que las barriadas populares defiendan en las calles su revolución, y las amenazas centradas en el uso de milicias armadas contra la disidencia, evidencian la voluntad del régimen de generar la violencia que considere imperativa para imponerse. El régimen chavista se caracteriza por la concentración de poder personal. Ahora bien, las autocracias de Pérez-Jiménez, Trujillo, Pinochet, Velasco-Alvarado y Fujimori fueron también personalistas. La diferencia específica del régimen de Chávez con relación a ésos y otros casos no se encuentra en la personalización del poder ni en la participación militar en el mismo, sino en el proyecto que le guía. Es un proyecto anacrónico y Chávez dista de ser un ideólogo, pero la perspectiva marxista es ingrediente clave en su sentido de dirección política, así como en el propósito de darle a su revolución legitimidad internacional. Chávez, su régimen y su proyecto no son fascistas, son comunistas. No toda autocracia con componentes militares es fascista. ¿Fue Pinochet fascista? Y suponiendo que lo haya sido, ¿es entonces Chávez un Pinochet? Podemos estar seguros que si Chávez fuese fascista Lula no le apoyaría, ni gozaría de la tolerancia y respaldo complacientes que le otorgan Bachelet, Tabaré Vásquez, Morales, Correa, Ortega, insulsa, Ramonet, Saramago, Chomsky y buena parte del elenco de la izquierda mundial. Chávez no recibe el oprobio internacional que de veras merece porque es visto como un gobernante "progresista", y a pesar del fracaso del socialismo real, la ideología socialista continúa siendo pasaporte para calificarse al torneo global de la bondad. En este orden de ideas, si bien admiro la lucha de los estudiantes universitarios venezolanos, les prevengo que enfrentan un enemigo distinto a Pinochet, por ejemplo, quien al fin y al cabo hizo un referéndum limpio, aceptó la derrota democrática y abandonó en paz el poder. Hugo Chávez, sus lugartenientes y su régimen poseen rasgos canallescos difíciles de captar por una juventud noble, que se asoma al ajetreo de la Historia. Pinochet fue un déspota, pero Chávez es un déspota marxista, es decir, totalitario. Milósevic en Yugoslavia era un anhelante náufrago del colapso soviético. Chávez, al contrario, presume ser paladín de un nuevo comunismo y su verdadera vocación sanguinaria aún no ha sido exigida por el curso del proceso. Un sector de la intelectualidad venezolana, que fue o sigue siendo socialista, se niega a admitir que Chávez es marxista y su proyecto el comunismo, se empeña en desvirtuar la relevancia de la ideología para el proyecto chavista, sigue hablando de fascismo, pierde de vista la naturaleza específica del régimen y subestima lo que Chávez es y será capaz de hacer. Advierto sin embargo a nuestra juventud universitaria: el camino será duro, pues el régimen chavista no es una autocracia cualquiera o un militarismo común, sino que es marxista.


Aníbal Romero.
13 de junio de 2007.