jueves, octubre 05, 2017
domingo, octubre 01, 2017
AMO MI EXILIO
Amo mi exilio
“ Amo mi
exilio, es la entrada correspondiente al
28 de agosto de 1989 de los escritos autobiográficos de la pensadora española María
Zambrano.
Yo he
renunciado a mí exilio y estoy feliz, y
estoy contenta: porque eso no me hace
olvidarlo, sería como negar una parte de nuestra historia y de mi historia. Los cuarenta años de mi exilio no me los puede devolver
nadie, lo cual hace más hermosa la ausencia del rencor ,mi exilio está
plenamente aceptado pero yo al mismo
tiempo pero yo ,al mismo tiempo ,no le
pido ni deseo a ningún joven que lo entienda , porque para entenderlo tendría
que padecerlo, y yo no puedo desear a nadie que sea crucificado .
En mi exilio
como en todos los exilios de verdad , hay algo sacro , algo inefable ,el tiempo
y las circunstancias en que me ha tocado vivir y a lo que puedo renunciar
.Salimos del presente para caer en el futuro desconocido pero sin olvidar el
pasado como nuestra alma está cruzada
sedimentos de siglos, son más
grandes las raíces de las ramas que ven la luz.
Es la obra del amanecer trágica y de aurora en que en que las sombras de
la noche comienzan a mostrar su sentido y las figuras inciertas comienzan a
desvelarse ante la luz .La hora de la luz en que se congregan pasado y porvenir
sábado, septiembre 30, 2017
jueves, septiembre 28, 2017
LA FUERZA DE LA VULNERABILIDAD
EL PODER DE LA VULNERABILIDAD
Félix Gómez, Sídney 2017
miércoles, septiembre 27, 2017
HIPNOTERAPIA BREVE
Apuntes de Hipnoterapia Breve
27 de septiembre
Un cliente viene a la sesión con ansiedad la cual evalúa 9/10. Para esta sesión use sonidos de una cascada de
agua con música de flauta y el trabajo ideo
motor con arcilla. Una primera parte
previa a una inducción de relajación hipnótica
modelo con sus manos su ansiedad, una vez modelada use inducciones hipnóticas
para
trabajar recursos personales que finalmente fueron
expresados en la arcilla. La fase intermedia de la sesión consistió en
dejar que los recursos se “tragaran” la ansiedad fusionando ambas representaciones y creando una inducción hipnótica para conectar
el inconsciente creativo
con recursos y posibilidades
para iniciar una relación generativa con la ansiedad del cliente. La parte final
de la sesión consistió en una vez
disminuida los niveles de ansiedad
a 2/10 se usó un puente a futuro para visualizar
mejores mecanismos de afrontamientos
y resiliencia para los próximas semanas
en la vida del cliente.
Felix Gomez, copyright 2017
Felix Gomez, copyright 2017
jueves, septiembre 14, 2017
domingo, septiembre 10, 2017
sábado, septiembre 09, 2017
martes, agosto 29, 2017
domingo, agosto 27, 2017
domingo, julio 23, 2017
INTELIGENCIA SOCIAL
SUTHERLAND
2 SURF 2017
Una Carrera
icono
al sur de Sídney
Por Félix Gómez, M.D
Hoy domingo
23 de julio se corrió el clásico Sutherland 2 Surf
(carrera anual al sur de Sídney )y este
es el quinto año que corro los 11km del,
un hermoso recorrido donde personas de todas las edades salen a correr,
caminar y disfrutar . Una comunidad que hace deporte y que se desarrolla
intelectualmente desarrolla altos de
niveles de organización como este evento
donde hay voluntarios que generosamente
invierten su tiempo coordinado con la policía y el servicio de
ambulancias permiten integrar una experiencia donde la comunidad crece . Las sociedades como los individuos desarrollan sus propios mecanismos de resiliencia, crecimiento y recursos. El deporte es una práctica que
permite creer rituales sociales de
convivencia y de reconocimiento y es una hermosa manera de conectarnos con una
inteligencia social que puede mejorar nuestra
salud física y mental.
viernes, julio 14, 2017
jueves, julio 13, 2017
miércoles, julio 12, 2017
BRUCE SPRINGSTEEN 2017
Unas semanas antes de
Acción de Gracias, un soleado día de finales de otoño resplandece sobre el
centro de Jersey. La temperatura de quince grados me anima a entrar en el
garaje para poner en marcha mi moto y aprovechar los últimos coletazos de buen
tiempo para dar una vuelta. Me dirijo al sur hacia Manasquan Inlet. Una gran
tormenta ha azotado durante dos días la costa oriental, arrastrando las aguas
del océano hasta las dunas herbosas del borde del paseo marítimo y llevándose
consigo una porción significativa de mi antigua playa de vuelta al mar todavía
revuelto y encrespado. El embarcadero por el que, en las oscuras noches de
finales del verano, mi hermana y yo
caminábamos cautelosamente de puntillas está cubierto ahora por unos diez
centímetros de arena mojada sobre negras rocas, lo que convierte en una pequeña
aventura avanzar con botas de motorista por su irregular superficie.
Aquí, en noviembre, el
sol se pone por el lado sudoeste –Point Pleasant– de la ensenada, desenvainando
y esgrimiendo una espada resplandeciente hacia el norte, a través de las
grisáceas aguas de la ensenada, hasta llegar a la parte de Manasquan. Aquí me
encuentro ahora, sentado en el embarcadero, justo en la punta de dicha espada.
Mientras las olas lamen las rocas bajo los tacones de mis botas, esa espada se
quiebra en esquirlas de luz dorada bajo las aguas, fragmentándose en pequeños
soles, microcosmos de la fuente divina que da vida a nuestro planeta.
Aquí me encuentro
entre amigos conocidos y desconocidos, me siento acogido. Somos todos partes
del mismo paisaje. Una bienintencionada jauría de niños en edad escolar, viejos
con sus detectores de metales, perros, surfistas, pescadores, gentes de Freehold
que tienen en Manasquan su salida al mar, los chicos tras los mostradores del
Carlson’s Corner, los incontables extraños que se quedan en sus coches, en fila
de cara a la ensenada. Al otro lado de alguna de esas ventanillas podría estar
sentado el alegre y desconcertado fantasma de mi viejo, soñando con otra vida
en otro lugar, cualquier lugar, muy lejos de toda la bondad que nos deparó y de
sus hermosos tesoros.
Ahora este es mi sitio, otra pequeña herencia
agridulce. Mientras el sol se oculta entre una masa de nubes de color gris
azulado, enciendo el motor de mi moto, me pongo y me sujeto el casco, me
protejo el rostro con mi bufanda, me despido con gesto teatral y salgo del pequeño
pueblo de Manasquan para incorporarme al tráfico de las cinco de la tarde en la
Ruta 34. El sol ya se ha puesto y llega la fría noche. En un semáforo, me subo
la cremallera de mi chaqueta de cuero hasta el cuello, noto el tacón de la bota
sobre el caliente tubo de escape con envoltura aislante de mi V-twin, que deja
un rastro de goma quemada y despide una vaharada de humo azulado que asciende
en espiral hacia el fresco aire otoñal.
El semáforo cambia a
verde y la carretera crepita y retumba bajo mis pies mientras voy sorteando los
puntos de la autopista donde el alquitrán se ha expandido con el calor del
verano y luego, al enfriarse, ha dejado crestas irregulares, una serie de
pequeños baches allí donde las placas de asfalto se encuentran. Retumbo,
retumbo, retumbo… pop… retumbo, retumbo, retumbo… pop. Con cada «pop» salto
sobre mi asiento, y de repente me remonto a los tiempos en que daba vueltas y
más vueltas por el camino de pizarra azulada que rodeaba el convento de Santa
Rosa, esperando, anhelando escuchar una vez más la voz de mi abuela llamándome
al anochecer.
Escucho… pero esta
noche el pasado se desvanece y solo existe la voz del presente hecha de chispas
y pistones de combustión… fría y dulce mecánica. Avanzo entre el torrente de
luces de la gente que vuelve de sus trabajos y cuyos coches pasan a escasos centímetros
de mi manillar izquierdo. Me dirijo hacia el norte por la autopista hasta que
el tráfico disminuye, y ya solo mi faro delantero ilumina la carretera y las
rayas blancas… rayas blancas… rayas blancas… Mi alto manillar «cuelgamonos»
hace que mis brazos se extiendan hacia fuera y se eleven a la altura de los hombros,
exponiéndome más libremente a la fuerza del viento y su brutal abrazo, mientras
mis manos enguantadas redoblan su agarre bajo el nuevo firmamento nocturno. El
cosmos empieza entonces a centellear vivazmente en el crepúsculo sobre mí. Sin
carenado, un vendaval de cien kilómetros por hora me golpea firmemente en el
pecho, presionándome contra el respaldo de mi asiento, amenazando sutilmente
con arrancarme de estos trescientos kilos de acero rodante, recordándome que
los próximos instantes de mi vida no están garantizados… y también lo buenas
que son las cosas, este día, esta vida, la suerte que he tenido, lo afortunado
que soy.
Enfilo la salida de la
autopista y me adentro por una oscura carretera secundaria. Enciendo las luces
largas y escruto los llanos campos de las granjas por si aparece algún ciervo.
Todo está despejado, y piso con fuerza el acelerador, me apresuro a volver a
los cálidos brazos del hogar.
Springsteen, Bruce (2016-09-27).
Born to Run (edición en lengua española): Memorias (Spanish Edition) . Penguin Random House Grupo Editorial
España. Kindle Edition.
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