miércoles, junio 27, 2007

EL Mundo de Tory Amos .

En Boys For Pele, Amos exploró los confines de los mitos tanto como los de su propia música. En ese disco incorporó el sonido del clavicordio y en algunos temas trabajó con una banda (con los músicos Steve Caton, Manu Katche y George Porter Jr.) -con resultados muy superiores a los obtenidos con Y Kant Tori Read. "Realmente me estaba aburriendo un poco con el piano," confiesa. "Composicionalmente necesitaba un nuevo sabor, otras especias. [...] Toco el clavicordio más como un instrumento percusivo. Un clavicordio thrash." En este álbum se aprecia aún más que en Under the Pink la búsqueda sonora de Amos, su pasión por los sonidos (ella misma se considera una cazadora de sonidos), y su increíble musicalidad: "La música es una parte tan profunda de mí que creo que está en mis células," asegura. "Si perdiera mis manos y perdiera mi voz y estuviese sentada por ahí aún pensaría en términos de tono y ritmo porque es así como pienso, cada minuto." Pero no todos aceptaron de buena gana las exigencias del disco. Un crítico norteamericano explica por qué: "Producido por la propia Amos y grabado como coletazo de su separación de Eric Rosse es, sin duda, su álbum menos accesible. Para ella puede haber sido como 'cruzar la laguna Estigia y llegar a mi psiquis', o como 'el descenso de Innina (de la leyenda sumeria) al mundo subterráneo', pero muchos oyentes no creyentes apenas escucharon en el álbum sofistería e incontinencia emocional. Los dedos hipercultos de Amos parecen pellizcos medievales cuando en el clavicordio le arrancan siete matices a Sheherezade, mientras la cantante da rienda suelta a los lamentos de su alma en pena. Esa unión impía de rock progresivo y literatura de autoayuda comprobó que la era femme del rock es capaz de competir, en términos de exceso puro, con el rock machito de otra época." Comentario este último no del todo justo, pero que cualquiera que haya intentado en vano adentrarse en las profundidades de Boys for Pele puede llegar a comprender. Lo cierto es que no se parece en lo más mínimo a un disco pop regular, y el oyente necesita acercarse a él de otra manera si pretende abarcarlo. Un ejercicio que no viene mal en estos días y que recompensa educadamente a los pacientes.
From the Choirgirl Hotel fue grabado en 1998 en "las laderas pintorescas de la vieja Inglaterra", más precisamente en el condado de Cornualles, uno de los más míticos de la isla. Junto a un brillante grupo de músicos, entre ellos Matt Chamberlain, Justin Meldal-Johnsen y el fiel Steve Caton, Amos le dio vida a sus nuevas y arduas creaciones, en un formato más cercano al rock. Tori asegura que fue el propio piano el que le exigió nuevos horizontes texturales: "El piano me corrió a un costado y me dijo: 'Me tenés harto'," explica. "Así que empecé: 'Se necesitan dadores...'". From the Choirgirl Hotel da un paso más adelante en su concepto de "geometría sonora" y ofrece algunas de las canciones más bellas de su autora ("Cruel", "Black-Dove", "Playboy Mommy" o "Spark"). "Donde el álbum es infaliblemente bueno," escribió para
Rolling Stone James Hunter, "es en su capacidad para capturar la geografía exacta de la imaginación de una mujer. En briosas interpolaciones rítmicas, una canción llamada 'Iieee' funde diferentes metros y estados de ánimo -paisajes de piano suspendidos, beats directos de rock en 4/4, basureros industriales y un soundtrack sinfónico flotante para un film que se ha estrenado sólo en la cabeza de Amos. 'Gritamos en catedrales', canta Amos, fraseando con un tironeo gravitacional temible. '¿Por qué no puede eso ser hermoso?' ¿Qué diablos es el rock'n'roll en estos días, de cualquier manera? ¿Guitarras fuertes? ¿Samples? ¿Beats electrónicos? ¿Zapatos con plataforma? En cualquier momento, es o todas o ninguna de esas cosas. Pero ahora, From the Choirgirl Hotel califica. Es el resultado lógico de lo que Amos ha estado haciendo toda esta década: En más de una forma, ella grita en catedrales."

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